
Jean-Marc
Vallée realiza un riguroso retrato de época: la crisis del sida en
1985, junto con la decadencia del sistema de salud de Estados Unidos
y las acciones promovidas por la industria farmacéutica para
provecho propio ante la caótica situación. El director canadiense
centra su relato en las víctimas —algo
que conoce, tras su tratamiento sobre la discriminación sexual en
C.R.A.Z.Y.
(2005)—.
“Desahuciados”, señala y califica el título de la película en
el Río de la Plata (El
club de los desahuciados),
que respecto a la propuesta de la trama dista de su importancia ante
el original, y mucho más apto, Dallas
Buyers Club
(El club de los compradores de Dallas).
Mitad
de la década de los años ochenta, cuatro años después de la
aparición oficial del VIH. Tiempos en los que la ignorancia sobre la
epidemia llevaba a muchas más preguntas que posibles respuestas, con
enfermos que morían en pocas semanas tras lapidarios diagnósticos.
El republicano Ronald Reagan, enemigo de primer orden de los
homosexuales y de las minorías, iniciaba su segundo período tras
ser reelecto presidente de Estados Unidos. Años en los que líderes
religiosos llegaron a definir al sida como “el azote de Dios ante
los maricas, engendros humanos”. Años de persecución.
Dallas
Buyers Club
se basa en una historia real, la del texano Ron Woodroof.
Electricista, amante del rodeo, homofóbico, drogadicto, promiscuo e
intolerante. Casas rodantes, tierra y sudor delimitan su entorno.
Enfermo, los médicos le comunican que contrajo el virus y que le
queda un mes de vida ante la falta de tratamiento previo. Primero no
cree y luego cae en estupor: “No puede ser. Es la enfermedad de los
maricas”, se pregunta en su ignorancia, como también lo hace su
círculo de amigos, todos idiotas y “basura blanca” (white
trash)
que se burlan al conocer la noticia de la muerte del célebre actor
Rock Hudson (1925-1985) a causa de la enfermedad.
Ante el diagnóstico, todo cambia. Comienza una historia de
resistencia personal, con una crítica hacia el sistema de salud
liderado por el gobierno de aquel entonces —el
consumo del peligroso y legal medicamento AZT en pacientes—,
y
un testimonio compartido: Woodroof no tiene tiempo por perder,
contrabandea medicamentos y abre un negocio de venta con una
membresía especial para los enfermos.
Woodroof
es piel y huesos. Lo interpreta Matthew McConaughey en el papel de su
carrera. La transformación física es total —adelgazó
más de veinte kilos—,
aunque el esfuerzo no solo queda en lo exterior. El actor, también
texano, comprende a Woodroof y a su gente. En Dallas
Buyers Club
McConaughey encarna al cowboy
más completo que ha dado el cine en los últimos diez años. Y ni
siquiera lleva pistola. Sobre el actor, es necesario destacar su
versatilidad, especialmente en sus labores de los últimos años
—Bernie,
Killer
Joe
(2011); Magic
Mike,
Mud
(2012); la serie de televisión True
Detective (2014)—.
Abogado, asesino, stripper, fugitivo y detective. Aunque no hay que
olvidar su debut en la fresca Rebeldes
y confundidos
(1993), dirigida por su amigo y paisano de Texas, el director Richard
Linklater, con quien trabajó en varias ocasiones. Tampoco hay que
relegar su actuación como un novato abogado en A
tiempo de matar
(1996) —especialmente
en su último parlamento ante un jurado racista—.
Pero no todo siempre fue rutilante: no acertó en liderar elencos de
películas para el olvido como Experta
en bodas
(2001), Sahara
(2005) y Amor
y tesoro
(2008), en las que fue destrozado como actor por críticos que hoy lo
enaltecen como si fuera el nuevo James Stewart. Lo cierto es que en
los últimos años, McConaughey ha alcanzado una evolución en su
profesión gracias a su esfuerzo y a una mejoría en su elección de
proyectos. El talento siempre lo tuvo.
A
este club no lo sostiene únicamente la labor de McConaughey. Jared
Leto interpreta al travesti adicto Rayon, en una nueva y extrema
transformación física del actor, aunque en la ocasión con mayor
acierto que en Capítulo
27 (2007),
cuando sumó varios kilos para llevar a la pantalla a Mark Chapman,
asesino de John Lennon, pero con poco éxito en el resultado final.
Leto alcanza el rol más completo y conmovedor de su carrera, que con
madurez recuerda a su interpretación del joven adicto de Réquiem
por un sueño (2000).
Un acierto clave del guion de Craig Borten y Melissa Wallack
es
el desarrollo de la relación entre dos personajes antagonistas como
Woodroof y Rayon.
Dallas
Buyers Club
es un triunfo compartido: McConaughey y Leto en sus performances
individuales y en el dueto que conforman, y Vallée que logra su
mejor película hasta la fecha. Una historia de supervivencia con una
crítica política y social ilustrativa. Es la consagración de
McConaughey en la piel de Ron Woodroof: un hombre ordinario con un
destino extraordinario; un don nadie que se convierte en un domador
que da pelea y que quedará para el recuerdo por su altruismo. Con
cowboys
así, no todo está perdido.
Dirección:
Jean-Marc Vallée. Guion: Craig Borten y Melissa Wallack. Fotografía:
Yves Bélanger. Elenco: Mathew McConaughey, Jared Leto, Jennifer
Garner, Denis O'Hare, Steve Zahn. 116 minutos. 2013.
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