
La película, basada en
la novela homónima de Don Winslow, evidencia el regreso de Oliver
Stone al género policial; un ejercicio cinematográfico de acción y
violencia que recuerda dos ejemplos imprescindibles en su
filmografía: su dirección en Asesinos
por naturaleza
(1994) y su adaptación del guión de Scarface
(Howard
Hawks, 1932) para el remake de Brian De Palma de 1983.
En Salvajes,
Chon (Taylor Kitsch) y Ben (Aaron Johnson) viven la gran vida en la
paradisíaca Laguna Beach, frente al Pacífico. El motivo de su éxito
y fortuna: cultivan la mejor marihuana. Ambos jóvenes viven con O
(Blake Lively), a quien aman, y el sentimiento de esta hacia ellos es
recíproco. Un perfecto ménage
à
trois. La
chica es el nexo entre los dos amigos de diferentes personalidades:
Chon es un exmarine con experiencias en Afganistán e Irak,
temperamental y con tendencia a la fuerza bruta; mientras Ben, calmo
y racional, es un facultado estudiante en botánica adepto al
budismo. O, voz en off mediante, resume los extremos: con Chon
cogemos, es como si quisiera sacarse la guerra de adentro; con Ben es
diferente, hacemos el amor. Oliver Stone y la fotografía de Dan
Mindel explicitan este paraíso terrenal con imágenes de la costa
californiana típicas de un video de promoción turística: planos
medios y generales de jóvenes surfers y chicas con cuerpos
bronceados y esbeltos, planos aéreos del océano...
Pero en la novela de
Winslow, entre el paraíso y el infierno hay un puente estrecho sin
purgatorio. El infierno, la amenaza al idilio de los tres jóvenes,
es el cártel de Baja, liderado por Elena (Salma Hayek), secundada
por su matón Lado (Benicio del Toro) como verdugo. La organización
mexicana, ante una guerra interna, fija su objetivo en los exitosos
Ben y Chon. Para llamar su atención, apuntarán a O, su punto débil,
lo que dará comienzo a una guerrilla fuego contra fuego entre los
productores independientes y el inquieto monopolio.

A medida que se
desarrolla la trama, el guión a tres partes por Winslow, Stone y
Salerno —este
último uno de los guionistas de Armageddon
(Michael Bay, 1998)—
insiste
en los estereotipos para definir y diferenciar los bandos, aunque los
acuse a ambos de salvajes: los jóvenes estadounidenses por su deseo
de vivir en la naturaleza, siempre fieles a su triunvirato —así
lo confirman las intervenciones de la voz en off de O a lo largo del
film—,
mientras los mexicanos mantienen sus códigos internos, pero siempre
con motosierra en mano y cabezas rodando ante las eventuales amenazas
a su negocio.
Dentro de las
actuaciones, regulares, Del Toro y Johnson se destacan; como asimismo
John Travolta en el rol de Dennis, un corrupto y carismático agente
de la DEA. En Salvajes,
Stone
realiza guiños a Asesinos
por naturaleza
en busca de una atmósfera visual —desde
el contraste entre el uso de colores cálidos y saturados y el blanco
y negro hasta los primeros planos al sádico Lado—,
y a Scarface
en la actitud honesta del trío de salvajes. Aunque Stone cae en la
acumulación de clichés y vueltas de tuerca en el guión que
alternan drama, policial y romance, poco verosímiles según el
montaje, finalmente acierta en proponer un camino alternativo a la
novela de Winslow luego de respetarla. La voz en off de O lo revela
desde el comienzo: "Es ese tipo de historia en la que las cosas
se salen demasiado de control". En suma, así es la película de
Stone y así son sus salvajes.


Dirección: Oliver Stone. Guión: Don Winslow, Oliver Stone, Shane Salerno. Fotografía: Dan Mindel. Elenco: Blake Lively, Aaron Johnson, Taylor Kitsch, Benicio Del Toro, John Travolta, Salma Hayek, Demián Bichir, Emile Hirsch. Duración: 131 minutos. Universal Pictures.
No hay comentarios:
Publicar un comentario